violencia digital y protección de datos

La asociación Stop Violencia de Género Digital atendió a 520 personas entre abril y junio, con los menores de 30 años concentrando ya tres de cada cuatro casos y un repunte del acoso a través de Instagram y de las llamadas telefónicas

El Observatorio de Violencia Digital, impulsado por la Asociación Stop Violencia de Género Digital, ha hecho público hoy su informe correspondiente al segundo trimestre de 2026, elaborado a partir de las intervenciones técnicas, jurídicas y psicológicas realizadas directamente por la entidad. Entre abril y junio, la asociación atendió a 520 víctimas de violencia digital, un 60% más que en el primer trimestre del año y un 59,1% más que solo entre abril y junio, lo que confirma la aceleración de un fenómeno que, según la organización, se ha consolidado ya como una herramienta estructural de control y dominación en las relaciones de pareja.

El crecimiento no se ha limitado a las mujeres. Aunque la violencia de género digital sigue siendo la forma de agresión predominante —las mujeres representan el 61,2% de las víctimas atendidas—, la proporción de hombres que solicitan ayuda ha aumentado hasta el 38,8% del total, frente al 31,1% del trimestre anterior. En junio, los hombres ya suponen 4 de cada 10 personas atendidas por la asociación.

Uno de los datos más llamativos del informe es el rejuvenecimiento del perfil de la víctima. Frente al patrón detectado a comienzos de año, cuando el grupo de 31 a 45 años concentraba el mayor número de casos, el segundo trimestre sitúa al tramo de 25 a 30 años como el más numeroso, con el 39,8% del total. Sumado al grupo de 18 a 24 años, los menores de 30 años concentran ya tres de cada cuatro víctimas atendidas por la asociación, frente al 58% del primer trimestre.

La exigencia de acceso a dispositivos y cuentas personales —WhatsApp, correo electrónico o redes sociales— se mantiene como la conducta de control más habitual, presente en el 26% de los casos y con un crecimiento del 73,5% entre abril y junio. Le siguen el control de las comunicaciones y el ciberacoso, ambos con más de 80 casos en el trimestre. El Observatorio subraya además la explosión del acceso a dispositivos sin consentimiento, que se ha multiplicado por 2,6 en solo tres meses, un indicio de formas de vigilancia cada vez más encubiertas.

En cuanto a los canales digitales, WhatsApp continúa siendo la principal vía de control (31% de los casos), pero Instagram ha registrado el mayor crecimiento del trimestre, casi duplicando su peso respecto al primer trimestre y consolidándose como la segunda plataforma más utilizada para el acoso y el stalking. El informe también detecta un repunte inesperado de las llamadas telefónicas como vía de presión directa, con un incremento superior al 250%.

Por comunidades autónomas, Madrid y Cataluña concentran el 46,3% de los casos atendidos en toda España, pero el Observatorio destaca la irrupción de Galicia y Canarias como nuevos focos de crecimiento, ambas con incrementos superiores al 115% en el trimestre.

El informe recoge también una tímida mejora en la confianza hacia los canales oficiales: el 72,5% de las víctimas atendidas no había presentado una denuncia formal antes de acudir a la asociación, una cifra que sigue siendo muy elevada pero que mejora los 12 puntos respecto al 84,6% registrado en el primer trimestre.

«Los datos de este trimestre confirman que la violencia digital ya no es un problema exclusivo de la adolescencia ni de un perfil concreto de víctima: afecta cada vez a más hombres, se concentra con fuerza entre los 18 y los 30 años, y se extiende ya a comunidades donde antes apenas teníamos presencia. El dispositivo móvil se ha convertido en la principal herramienta de control en la pareja, y es urgente que las fuerzas de seguridad y los juzgados dejen de tratar la petición de contraseñas como una conducta menor», señalan fuentes del Observatorio de Violencia Digital.

Desde la asociación Stop Violencia de Género Digital se insiste en la necesidad de reforzar los protocolos de detección en el ámbito rural, donde la incidencia registrada sigue siendo baja pese a los indicios de una posible «bolsa de invisibilidad», y de mantener la vigilancia sobre nuevos canales como las llamadas telefónicas y las redes sociales visuales, cuyo peso en el ecosistema de la violencia digital crece cada trimestre.

Podeis descargar el informe haciendo clic aquí

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