Investigan en Valladolid un caso de ciberacoso a una menor de 13 años

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Casi es imposible encontrar el origen del problema. S., madre de E., niña de 13 años escolarizada en el colegio San Viator desde la etapa de Educación Infantil, notó que había bajado de forma alarmante en las notas, que contestaba en casa, que estaba de mal humor, pero lo achacó a la recién estrenada adolescencia. Hasta que a través de las hijas de una amiga del barrio se enteró de lo que pasaba. Según explica, su hija, desde sexto de Primaria, recibía insultos, humillaciones, vejaciones y hasta amenazas de muerte por parte de un grupo de compañeros. Algo que comenzó, como suele suceder en estos casos, con una enemistad con otra persona, y acabó derivando en una situación de soledad y miedo.

El centro, según explicaron ayer fuentes del centro a la directora provincial de Educación, María Agustina García, no es consciente de que existan estos comportamientos con la menor dentro del recinto escolar. Incluso aseveran que se trata de una estudiante «plenamente integrada» en el colegio.

Parte del problema parece estar en una cuenta de Instagram que la menor utiliza y en la que se han cruzado mensajes despectivos. Aquí, sin embargo, vuelve a haber dos versiones. Una, que ese intercambio es real. La otra, que la cuenta de la joven ha sido manipulada por terceros.

La madre asegura que ha seguido todos los pasos que estipulan los protocolos de acoso escolar en estos casos. Informó al colegio, habló con la inspección educativa y consiguió que se atendiera su solicitud de traslado extraordinario a otro centro de la capital. Hay, sin embargo, una traba burocrática que lo ha complicado todo. Hace falta la firma del progenitor, separado de la madre, y éste no ha firmado. Esto hace que para poder ejecutar el traslado extraordinario sea necesario presentar otra justificación, la acreditación por parte del centro SanViator de que se ha iniciado el protocolo por acoso escolar.

No sería la primera vez, exponen en la Dirección Provincial, que se intenta utilizar un protocolo de estas características para forzar un traslado de centro escolar pasada la mitad del curso, cuando la norma impide realizarlo salvo, expresamente, en casos de acoso. Como quiera que el centro no ha detectado que haya producido una situación de acoso hacia la niña, no ha creído conveniente firmar el documento que rubrica que se ha iniciado el protocolo por acoso escolar.

El caso ya está en la Fiscalía de Menores y en manos de la Policía Nacional, que ha comenzado a tomar declaración a los implicados, según ha podido comprobar también la Dirección Provincial. La madre de la menor ha presentado como prueba, entre otras cosas, las amenazas que ha recibido su hija por Whatsapp y que se han cruzado en algunos grupos de alumnos. Exhibe, además, un pantallazo en el que presuntamente uno de los autores de la usurpación de la cuenta de Instagram inculpa a otro de haberse hecho con la contraseña y posteriormente difundirla. «A toda la manada le entrega la contraseña de mi hija. Y estos, para salvarse de los insultos, se meten en su cuenta y se mandan mensajes a sí mismos insultándose y amenazándose», asegura la madre.
Normalidad en el centro

La Policía, mientras tanto, ha acudido al centro, donde los responsables han corroborado que no han detectado señales de acoso en la menor, ni comportamientos anómalos en su relación con el resto de sus compañeros. Admiten que en las conversaciones recuperadas del perfil de Instagram de la menor –a la que advirtieron de que fuera prudente con el contenido que subía– «se decían barbaridades», pero alegan que «era algo mutuo», explican desde la Dirección Provincial.

El colegio San Viator ha enviado la información por escrito al inspector de centro, quien también ha mantenido reuniones con la madre de la menor.

Según ella, la situación comenzó a producirse en sexto de Primaria. «La empiezan a insultar, a humillar, se la tira por las escaleras… Para el colegio esto son cosas de niños. La tutora de sexto en ese momento hizo lo que pudo.La solución en 1º de la ESO fue dividirlas, mi hija por un lado y las otras, por otro. Mi hija, de ochos y nueves, empieza a sacar doses, treses, la ves distraída, cambia de forma de ser, de comportarse…Cambia todo», asegura la madre.

Cada año se reciben denuncias calificadas como«posible acoso» en la Consejería de Educación, de las que un porcentaje en torno al 31% se corresponden con casos reales de acoso o ciberacoso.

Fuente: elnortedecastilla.es