30 de Julio: Día Internacional contra la Trata; la esclavitud del siglo XXI

Trata de Mujeres Maria Gavilan

En el año 2013, la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió, adoptando sus estados miembros la resolución A/RES/68/192 por la que designaron el 30 de julio como “Día Mundial contra la Trata”.

En dicha resolución se señala que este día es necesario para “concienciar sobre la situación de las víctimas del tráfico humano y para promocionar y proteger sus derechos”.

Es un fenómeno global que se materializa en la explotación del ser humano por otro ser humano a través de la apropiación de su libertad, su trabajo y su dignidad.

La situación actual de crisis social, económica y política, provoca movimientos migratorios y de refugiados por diversas causas (conflictos armados, religiosos, étnicos, la extrema pobreza) creándose un caldo de cultivo para la proliferación y aumento del tráfico de personas y de la trata de seres humanos.

La trata consiste en arrancar a una persona de su contexto (familiar, social…) y una vez descontextualizada, el tratante aprovecha su vulnerabilidad para explotarla, de diversas formas, mercantilizando su vida, cosificándola, pudiendo predicar de ella los atributos propios del derecho de propiedad, y dejándoles desnudos y desnudas de derechos.

Sabemos que es la gran lacra del siglo XXI, que hablamos de esclavitud pura y dura, que hablamos del segundo negocio ilícito más lucrativo del mundo, por debajo del tráfico de drogas y al mismo nivel que el tráfico de armas… Que de eso se trata, de “traficar” , y traficar con vidas, las de esas poblaciones mercancía.

Esas poblaciones mercancía de las que el 71% somos mujeres y niñas, o un tercio niños y niñas, en concreto el 28% a nivel mundial, si bien, en regiones como África subsahariana y América Central y el Caribe este grupo poblacional  conforma el 62 y 64 por ciento de las víctimas, respectivamente; la finalidad de explotación sexual y trabajos forzados continúa siendo las modalidades más detectadas de este delito, sin perjuicio de que también existen y se producen otras, como la explotación de la mendicidad, matrimonios forzados o fraudulentos, o servidumbres costrumbistas.

Se calcula que por cada víctima de la trata de personas identificada existen 20 más sin identificar, y ese es el gran reto, la prevención y con ello la detección: no olvidemos que muchas de estas víctimas están en contextos de vulnerabilidad extrema, en la que la violación sistemática de sus derechos está prácticamente normalizada y sistematizada, y su tratante incluso en ocasiones como las servidumbres costumbristas cree actuar adecuadamente.

La situación se agrava en el caso de conflictos armados, los grupos armados cometen este delito en sus territorios de operación, forzando a mujeres y niñas a casarse o convertirse en esclavas sexuales, y obligando  a hombres y niños a realizar trabajos forzados o a ser combatientes.

Estas personas que huyen de la guerra y la persecución son particularmente vulnerables a la trata de personas, pudiendo citar a título de ejemplo el rápido aumento en el número de víctimas de trata de personas en Siria después del inicio del conflicto armado, siempre aprovechando las vulnerabilidades.

Se han detectado en todo el mundo más de 500 rutas migratorias, donde no importa que seas país de origen, tránsito o destino de las víctimas, la suerte que van a correr es la misma, muchas veces bajo los auspicios de delincuencia organizada o transnacional, si bien no siempre es así, y se detectan casos en los que los tratantes son los propios familiares de las víctimas.

La lucha contra la trata se ha de abordar desde una perspectiva transversal, que se resume en “ las tres p”: Prevención, persecución y protección de víctimas, ninguna de ellas menos importante que otras; prevenir con políticas que permitan evitar la vulnerabilidad a ser una potencial víctima, así como en su caso una detección precoz; persecución penal para identificar a sus delincuentes, y en su caso condenarles, a efectos de prevención general y especial; protección de las víctimas, y aquí hay que hacer hincapié en que durante y tras el proceso, pues solo si reinsertamos a las víctimas y las vestimos de derechos habremos obtenido un éxito.

El abordaje desde la persecución ha de ser multidisciplinar, todos los poderes públicos, fuerzas y cuerpos de seguridad, fiscales y jueces somos parte de un engranaje, que junto con las ONG podrá hacer que la maquinaria funcione, siempre que nos dotemos de medios, pues de nada sirve tener derechos sin mecanismos de garantía eficaces y ágiles para hacerlos valer.

Un gran apoyo sería tener una Ley Intergral, donde se articulen, armonicen y coodinen las “tres p” y todos los órganismos que en la erradicación intervenimos.

Alrededor de 158 países -representando el 85 por ciento de los países- han criminalizado la trata de personas según las disposiciones del Protocolo de Palermo, si bien el número de sentencias condenatorias respecto al numero de causas instruidas sigue sin ser el esperado.

No hay ningún país ajeno a esta lacra, y parafraseando a Aung San Suu Kyi, “La paz no sólo consiste en poner fin a la violencia o a la guerra, sino a todos los demás factores que amenazan la paz, como la discriminación, la desigualdad, la pobreza.”

Los seres humanos no somos mercancías.

La Trata es el más flagrante atentado a los derechos humanos de este siglo.

Ser cliente te hace cómplice.

  • Por María Gavilán Rubio
  • Jueza y Profesora Universitaria

Fuente: https://confilegal.com/