Álex, el fotógrafo porno de la ‘sextorsión’, condenado a 22 años de cárcel

Sextorsion violencia digital

Álex Chanzà es un joven fotógrafo valenciano que se dedica, entre otras cosas, a la producción de material pornográfico. Su proyecto se llama Naskphoto y cuenta con miles de seguidores en redes sociales. Desde esta posición contacta con muchas chicas que cuentan con material sensible en forma de desnudos y fotos eróticas en sus ordenadores. Además de fotógrafo, Álex es un hacker que se dedica a robar este tipo de material a las chicas a las que conoce para chantajearlas sexualmente. Ahora ha sido condenado porque al menos a cinco de ellas las convirtió en víctimas de “sextorsión”.

22 años de cárcel son los que ha ratificado el Tribunal Supremo para Alejandro Chanzá Navarro, un conocido fotógrafo de Valencia que desde 2005 estuvo extorsionando a cinco chicas valencianas con las que habría contactado por internet y a cuyos ordenadores accedió de forma ilícita para robarles material erótico.

Contacto por Messenger

Álex conocía a sus víctimas en redes sociales. Contactaba con chicas de diversos perfiles, principalmente camareras o modelos amateur. Chicas de las que sabía con certeza que guardaban material erótico propio en su ordenador. Alejandro les entraba de diversas formas. Bien en su faceta como fotógrafo erótico, bien como aficionado al cibersexo. Después intimaban mediante el programa de chat “Messenger”. Allí se ganaba su confianza.

Una vez se establecía el contacto y las chicas se confiaban, Alejandro necesitaba obtener material para la extorsión. Lo hacía infiltrándose en sus ordenadores de forma ilegal. Álex tiene avanzados conocimientos informáticos y les enviaba un “troyano”. Esto es, un archivo con el que poder colarse en su ordenador. Para que lo instalaran las engañaba. A una de las denunciantes incluso la llegó a convencer de que él trabajaba con la policía, y que si ejecutaba el archivo tendría protección extra en su ordenador.

Robar fotos eróticas con un troyano

Las víctimas elegidas eran jóvenes y desconocedoras de las tecnologías, por lo que solían morder el anzuelo. Instalaban el archivo y le entregaban, sin saberlo, el control de sus ordenadores a Álex. Ahí es donde empezaba la extorsión. El chico buceaba en los archivos hasta que hallaba material comprometido. Una vez se hacía con él, las chantajeaba. Cuando tenía fotos comprometidas en su poder, las amenazaba con difundirlos si ellas no se plegaban a sus exigencias.

Las exigencias no eran ni más ni menos que favores sexuales gratuitos por internet. Sesiones de cibersexo que las víctimas no querían mantener con el fotógrafo. Pero se veían obligadas por las amenazas. Las obligaba a masturbarse para él frente a la webcam. Las coaccionaba para que realizasen prácticas sexuales delante de la cámara sin ninguna contraprestación a cambio. Sólo amenazas. Si no haces lo que te pido, todo el mundo va a poder verte desnuda, porque voy a difundir tus fotos.

Ninguna de las chicas se conocía entre sí, pero cada una de ellas desarrolló la misma sensación: miedo. La amenaza del fotógrafo era constante y ellas accedían a exhibirse sexualmente frente a la cámara a cambio de mantener su silencio. La presión era tan asfixiante que una de las víctimas llegó a declarar que pasó tanto miedo que incluso pensó en el suicidio.

Obsesionado con su ex

La otra gran fijación del fotógrafo extorsionador era su propia exnovia. Álex mantuvo una relación larga con una chica. Al final rompieron y esa joven se fue con otro chico. Álex nunca lo aceptó. Se acabó obsesionando con conseguir esa ruptura. ¿Cómo? También con la extorsión. Se intentó valer de las chicas que chantajeaba y las quiso utilizar para este objetivo.

Así, además de exigirles favores cibersexuales, las emplazaba a que sedujesen al novio de su ex. La idea de Álex era conseguir que alguna de sus víctimas extorsionadas llegase a mantener una relación con el novio de su ex. Así, él tomaría fotos y se las enviaría a su antigua novia para que la relación se rompiese. Álex no consiguió su propósito. Ninguna de ellas legó a mantener relaciones con ese chico, pero una de ellas sí que llegó a ponerse en contacto con él.

Dejaban lo que estaban haciendo por el chantaje

Las extorsiones sexuales de Álex se prolongaron en el tiempo durante más de 5 años. Levantó la liebre M.R., la primera de las víctimas. Una valenciana nacida en 1987 que sufrió esta extorsión por espacio de dos años. Al principio mantuvo cibersexo con él de forma consentida, pero cuando quiso acabar, él se puso más agresivo y pasó a las amenazas. Durante ese tiempo la convirtió casi en una ciberesclava sexual. Ella tenía que dejar lo que estaba haciendo cuando él quería cibersexo. Así lo aseguró su amiga, que declaró que a veces estaban juntas de fiesta en un pub y M.R. se tenía que marchar a casa para atender a las peticiones de su extorsionador.

M.R. quiso cortar esta relación de abuso dejando de conectarse a Messenger. Pero no sirvió como solución. De hecho, fue a partir de ahí cuando la chica identificó varias fotos íntimas suyas en una red social. Estaban allí sin su consentimiento y sólo había una persona que las podía haber colgado. “Son fotos mías que no le he enviado a nadie”, declaró. Era material robado y colgado de forma ilícita. Finalmente, M.R. empezó una relación sentimental con un chico al que le confesó lo que estaba sufriendo. Fue él quien la emplazó a denunciar.

Hacerse pasar por policía

Como la jugada le había salido bien a Álex, consiguió ese mismo propósito con otras cuatro chicas. Se presentaba ante ellas de mil formas diferentes: como productor de material erótico, como fotógrafo, como diseñador de páginas web para bailarinas, como promotor de strippers e incluso como hacker colaborador con la policía que sólo pretendía ayudar a las chicas a tener más seguridad en sus equipos. Cualquiera de sus facetas venía acompañada de un archivo ejecutable para entrar en sus respectivos ordenadores. Y una vez dentro, se repetía la operación.

Alejandro realizó estas prácticas durante un espacio de tiempo de unos siete años. Los jueces han estimado la coincidencia de todas las víctimas, que no se conocen entre ellas, a la hora de explicar sus casos y el modus operandi del extorsionador. Él ha seguido con su actividad como productor de material pornográfico, y no le ha ido mal. En algunas redes como Instagram cuenta con casi 50.000 seguidores. Ahora, el Tribunal Supremo acaba de confirmar los 22 años de cárcel por delitos de abusos sexuales continuados, de amenazas y contra la libertad sexual.

Fuente: elespanol.com